Zipolite, la playa del amor, es un relato erótico que uno de nuestros usuarios dedicó a Perversiones, nuestra Perfumista. En el relato, ambos que son desconocidos se funden en una tórrida noche de pasión, olores y sabores. Únete a ellos en este relato de pasión.

Zipolite

Mi tercer día de vacaciones en esta grandiosa. Vine a descansar de la ciudad y sacar el estrés del trabajo, como dicen muchos a vivir una experiencia natural. En esta playa todo es perfecto.

Bien recuerdo el letrero que se encuentra al entrar al pueblito:

– ¨BIENVENIDOS A ZIPOLITE¨ ¨LIBERTAD SIN LIMITES¨.

Me hospedo en el Alquimista. Un pequeño e íntimo hotel que más bien son bungalows con terrazas a escasos metros del mar.
Esta playa es un auténtico paraíso, se encuentra en el sureste mexicano, con un clima tropical rodeada de palmeras con muchos cocos, un sinfín de árboles frutales y aves volando por doquier.

Las personas del lugar son agradables, sencillas y serviciales, es un lugar muy barato, pues no hay grandes cadenas hoteleras ni restaurantes lujosos. Aquí sólo encuentras cabañas y bungalows con techos de palma, mosquiteros en las camas y terrazas rusticas con vista a la playa.

La comida es típica del estado y deliciosa para cualquier paladar, los niños del lugar te venden cocos preparados por algunos pesos y el pueblo ofrece lo necesario para una estancia placentera.

Hay fogatas sobre la playa por las noches y los bares del pueblo se llenan de turistas.

Pero el principal atractivo es esta playa nudista. En donde se encuentra la cueva de “San Andrés”. Dicen que es muy milagrosa, porque entran dos y salen tres…
Turistas principalmente de Canadá, Alemania y Francia, vienen de visita y algunos se quedan para siempre. Van de un lado a otro sin más ropa que sus sandalias o lentes para el sol, pues la temperatura promedio es de 32°c, lo que hace esta playa ideal para nadar y broncearse. Y claro echar a volar la imaginación, mirando los cuerpos, que si bien no todos son esculturales, si son muy agradables a la vista, puedes meterte al mar con tu pareja y pasar buenos momentos cumpliendo tus más locas fantasías, o si te encuentras sólo no faltará a quien te puedas ligar.

Después de todo esta es la playa del amor, en donde no hay límites.

Ella

Me llama la atención que todas las personas están acostumbradas a ver a otros desnudos y están como si nada.

¡Yo no puedo mirar mucho a las chicas que pasan frente a mí, porque me viene una tremenda erección!.
Esta mañana al salir de mi bungaló, he mirado a una mujer de aproximadamente unos 38 años, que se encontraba tomando el sol recostada en un camastro completamente desnuda y claro… ¡la vista es natural!

Me ganó el morbo y no pude evitar notar que es una hembra como dios manda, bien formada y muy atractiva.

Traté de rodear algunos camastros ocupados por canadienses para quedar frente a ella y mirarla más de cerca.
Al acercarme un poco más, solo vestido con mis gafas y una toalla en los hombros, no pude evitar mirar ese hermoso par de pechos a medio broncear y de buen tamaño, con unos pezones grandes de un color cobrizo que al acercarse al centro se iban poniendo rosados. Como para darles un beso y una ligera mordida con el filo de los dientes jalandolos hacia mí, para dejarlos bien firmes y paraditos.
Al bajar la mirada, descubrí un buen par de piernas con unas pantorrillas torneadas y unos muslos carnosos y bien redondeados, que invitaban a descubrir el paraíso que se ocultaba entre ello.

Cuando de repente con un movimiento lento, comenzó a deslizar la pierna izquierda, hacia afuera del camastro, lo que dejó expuesto ese tesoro, que vuelve loco a todos los hombres. Quería ser una de los varios perritos que corrían por la playa para acercarme a oler entre sus muslos. Solo sentía como mi pito se ponía tieso y calientito.
Sin poder evitarlo, clavé mi mirada en su monte de venus depilado, salvo una pequeña línea de vellos, que justo cubría el borde de los labios de su conchita. Lo que me hacía volar la imaginación, pensando en cómo sería ese manjar.

¿Qué color tendría?  rosado, o tal vez rojito de tanto sol. ¿Estaría húmedo? ¿Qué sabor tendría y a que olería? Todo esto cruzaba por mi cabeza.

Cuando sin más me encontré con una mirada jovial, curiosa y coqueta. Con una sonrisa que dejaba ver unos labios carnositos de entre los cuales salió una ligera risa acompañada de la frase.

-¡parece que tu amigo amaneció de buen humor y listo para tomar las olas!.

A lo que sólo se me ocurrió responder. – ¡ sí, eso parece!
Se incorporó y me saludo con un beso en la mejilla. Lo que me permitió disfrutar fugazmente del aroma natural de su cuerpo, tenue entre floral y dulce, que me hizo tener una erección apuntando al cielo. A lo que ella reaccionó con una mirada hacia abajo y cerrando los ojos de forma coqueta, pues sabía que eso lo había provocado ella.

Desplegó de nuevo su sonrisa, que dejaba ver esos labios carnosos y su lengua húmeda, que pasó por el filo de su labio superior, como disfrutando el momento.

Una vez pasado un par de segundos, pude apreciar a una mujer de bonito rostro, de aproximadamente un metro sesenta y cinco centímetros, piel morena clara, cabello a los hombros color castaño claro, sus pechos atraídos por la gravedad, se veían en forma de dos grandes gotas de agua, dejando expuestos esos lindos pezones, que bien podrían ser un par de centenarios de oro. Tenía un abdomen delgado pero sin llegar a ser marcado, que se juntaba con su vientre y juntos formaban esa figura de una mujer madura que tanto excita. Amplias caderas, que debían ocultar tremendas nalgas, que yo me moría por descubrir y acariciar. Las piernas, que hace un minuto me robaron la mirada, ahora se encontraban cruzadas y rozando una con la otra como invitándome a inclinarme y besarles en los muslos.

Me invito a sentarme, lo que hice de inmediato y comenzamos a charlar:
“”¡…Qué lindo y sensual acento…!””
-¿y tienes nombre?
-Sí, me llamo Carlos. ¿y tú?
-Me llamo Verónica pero puedes decirme Vero
-¡Vero es un placer conocerte!
-Jajajajajaja… ¡pareces muy tímido!
-Sí, de hecho soy un poco tímido, y más con mujeres tan atractivas.
-¿te parezco atractiva?
-Sí. Bastante, por eso me pongo nervioso.
-Pero si aquí hay muchas mujeres y todas como dios las trajo al mundo, solo con sus trajes de Eva… Jajajajaja… ¡¡pero chico que has venido a una playa nudista y deberías estar menos tenso!! Con este paraíso y las bellezas que puedes encontrar.
-Sí, hay muchas mujeres. ¡Pero la mayoría acompañadas y no se me da muy bien el inglés! además tú me robaste la vista desde hace un rato…
-Jajajajajaja… que cosas dices… ¡no sabía que me estabas observando!
-La verdad es que sí. Es mi tercer día en esta playa y bueno… encontrar una linda mujer como tú, que quiera charlar un rato es toda una suerte. ¿quieres beber algo?
-No. De momento estoy bien. Pero puedes hacer algo por mí. ¿podrías ponerme un poco de bronceador en mi espalda? No me alcanzo muy bien.
-Sí. Claro… (me pongo de pie)
Ella se levanta y dándome la espalda me dejo ver lo que yo ya me esperaba, un buen par de nalgas bien formadas y carnosas. Arqueó un poco su espalda mientras se sujetaba el cabello, y dejó ese lindo espectáculo a escasos centímetros de mí.

Por lo que tomé un poco de bronceador y frotándolo entre mis manos, comencé a esparcirlo poco a poco con torpeza por toda su espalda, desde sus hombros y hacia el cuello muy lento. Quería disfrutar el momento. Seguí desde la base del cuello hasta la espalda baja con ambas manos, bien plantadas y haciendo pequeños movimientos al ir bajando, lo que ella disfruto mucho, pues la piel de su cuello se puso chinita.

Continué presionando un poco con mis dedos pulgares por un minuto y difuminando el bronceador haciendo círculos con la palma de mi mano derecha. Y tras un par de minutos, me dio las gracias y se dispuso a sentarse de nuevo. Cuando por error y sin la menor intención roce con la punta de mi pene su culo, lo que encendió mi erección y me di cuenta que un fino hilo de lubricante de mi miembro se quedaba pegado en su cuerpo, cosa que ella no notó o tal vez le agrado.

Yo estaba empapado y a punto de venirme, de lo excitado que me encontraba. Pero debía controlarme.
Tras un par de horas de charla y varias cervezas descubrí que en efecto tenía unos 38 años, originaria de Madrid, España. Y que era administrativa contable, que había ahorrado para venir a conocer esta playa, que había conocido por internet y que disfrutaba del nudismo y otras actividades.

Tenía una semana en Oaxaca visitando otras playas, pero había llegado a Zipolite la noche anterior, que viajaba sola y que se quedaría solo el fin de semana. Pues quería conocer las ruinas de Monte Albán y los alrededores. No me atreví a preguntar si tenía pareja, pues no quería ahuyentarla.
Tras intercambiar sonrisas y comentarios candentes, quedamos en vernos más tarde para disfrutar del atardecer y tomar una copa. Le propuse que si venía a mi terraza, podría darle un buen masaje para hacer desaparecer esos nudos de la espalda que aparecen por el estrés. Lo que ella con una mirada coqueta aceptó.

Los preparativos

Después de dejarla tomando el sol, me dirigí al mercado del pueblo en donde compre unas velas aromáticas, inciensos, aceite de coco, aceite de oliva y de menta. Compre una manta de cielo blanca, un vino tinto y un poco de fruta. Manzanas, sandía, arándanos, uvas, peras y algunas fresas. También conseguí unas plumas de patos.
Me fui a preparar el ambiente.

Llegue a limpiar muy bien mi habitación y la terraza, me rasure muy bien mi rostro y mis genitales. Me duché y me puse una loción fresca.

Me dispuse a preparar un rico clericot con la fruta y el vino, un poco de jugo de limón y bastante hielo, y lo dejé en una jarra de cristal.

Cubrí un camastro de la terraza con la manta de cielo para poder ver el atardecer. Comencé a aromatizar el lugar con el incienso y vertí los aceites en una jícara de coco, dejándolo junto al vino para que tomara la temperatura ambiente y tras tener todo listo me dispuse a esperar a mi invitada.

El encuentro

Las 5: 30 de la tarde, me asomo a la terraza y veo pasar a una joven de no más de 30 años, rubia de ojos verdes, cabello a media espalda, con unos pechos pequeños pero firmes, con pezones casi imperceptibles, con piernas esbeltas y largas, sin la menor evidencia de vello en sus conchita y un culo pequeño y tímido pero muy agradable que se movía al ritmo de sus pasos, balanceándose de un lado a otro.

La perdí de vista por mirar morbosamente a una pareja recostada en la arena, mientras ella le acariciaba los huevos, él le correspondía con unos pellizcos en los pezones.

En uno de los camastros estaba una mujer de unos cincuenta años, con el vientre un poco abultado por los años, pero con unas tetas enormes con pezones oscuros y un chocho muy velludo. Más lejos se veían otras parejas.

Unas gay otras no, algún hombre bien dotado que se paseaba y se detenía frente a unas jóvenes, que le sonreían al ver ese buen trozo de carne. Una pareja a la orilla del mar, muy juntos como haciendo el amor a la vista de todos. Eso me excitaba, y frente a mi terraza como a diez o doce metros se comenzaban a juntar un grupo de jóvenes, entre hippies y chavorucos de esos de los años 70s, que estaban formando una fogata y comenzaban a tocar sus guitarras y tambores y cantaban canciones de los años 80s y 90s.

Ya impaciente y desesperado porque mi invitada no llegaba, me estaba tomando una copa de clericot, mientras me sobo la verga para calentarla un poco, mientras miro hacia afuera, quiero estar bien para esa mujer que me había cautivado. Comienzo a divagar con la mente, con el pene en mi mano, cuando de repente tocan a la puerta y escucho:

– ¡¡Carlos!!…

Abro la puerta y lo que tengo frente a mí me hace contener la respiración por un segundo: frente a mi puerta está esta mujer tan sensual que se presenta con un sujetador y un pareo de manta en color menta, con su cabello suelto y unos ojos grises que te hacen sentirte deseado, con su piel radiante y bien bronceada…
-¿Puedo pasar?
-Claro. Adelante.
-¿Por qué tan callado y serio?
-No. ¡Es solo que te ves muy linda!
-Gracias…
-Ponte cómoda por favor.¿Puedo invitarte una copa? ¡Prepare un clericot!
-Sí. Gracias… sería muy refrescante.

Mientras sirvo un par de copas, me doy cuenta que me está mirando, solo llevo puesto un short, no soy musculoso pero soy delgado y algo atlético, mido un metro con setentaicinco centímetros, estoy algo bronceado por el sol.

Nos sentamos unos minutos a disfrutar la bebida, mientras nos ponemos cómodos y nos relajamos. Terminando la copa le pido que se recueste boca abajo en el camastro y ella se quita el pareo dejando a mí vista una tanga en ese culo carnoso y redondeado por el paso del tiempo y sus actividades diarias. Se reclina para acomodarse sobre el camastro y miro como esa tanga se hunde más en entre sus glúteos, lo que hace crecer mi verga, se pone dura y caliente, mi glande se hincha y comienza el espectáculo.

El deleite

Dándome la espalda para llamar mi atención, lentamente se quita el sujetador, lo coloca en una silla y se recuesta en el camastro, se acomoda y solo conserva ese pequeño tanga que se pierde entre sus nalgas.

-¡Que rica cola está a mi disposición!.

Y me dice:

– ¡llevas mucha ropa! Yo ya me he quitado algo, el resto me lo quitaras tú cuando lo creas necesario.

Así que me quito el short, quedándome desnudo.

Con la música de la fogata de fondo y el oleaje fuerte chocando en las rocas, el sonido de las aves de vez en cuando, con el aroma del incienso y las velas de manzana-canela y la poca luz del día y un par de lámparas tenues de mi habitación.

Tomo un poco de aceite y frotándolo entre mis manos, toco por primera vez la bronceada, suave y fina piel del objeto de mi deseo. Comienzo un suave masaje desde la base del cuello hacia su espalda baja, presionando un poco con ambas palmas y subiendo lentamente con mis pulgares por el centro, recorro su columna y llegando al cuello masajeo hacia los lados. Ella se va relajando, comienza a sentirse bien.
-¡que rico! Exclama ella.
-solo relájate y disfrútalo. Le contesto. – cierra tus ojos e imagina lo que quieras, un lugar, una persona o lo que te venga a la mente… respira y déjate llevar. En este momento tú mandas…

Tomo un poco más de aceite y continuo masajeando desde su espalda baja hacia sus costados, como si fuera un trozo de arcilla, que hay que darle forma. Su piel es suave y tersa, en los costados puedo sentir esos gorditos pliegues de la piel que se acumulan con la edad.

Pero ella se siente a gusto y sabe que es muy sensual. Con cada mano sigo haciendo círculos y con mis dedos sobo de una manera muy sugestiva, como queriendo no tocar la piel más que con las yemas de mis dedos para hacerle erizar los vellos de su nuca.

En su costado, al ir subiendo poco a poco, llego a acariciar el filo de sus pechos. Los rozo con mucho cuidado, quiero que se excite tanto como yo lo estoy. Noto que ese lugar es muy sensible y ella mueve ligeramente su cabeza, ha tenido escalofríos, de esos que te dan de la nuca hacia las orejas…

Su cuerpo ahora está más cálido. Cojo un poco más de aceite y me dirijo a ese hermoso y suave par de nalgas. Las acaricio de abajo hacia arriba y de afuera hacia adentro. Hago círculos con ambas manos en cada uno de los glúteos. Los estoy esculpiendo como si fueran de barro. Sus nalgas se abren y se cierran dejándome ver ese rosado culito, que tanto me he imaginado, por fin puedo verlo.

Las sobo con ambas manos y paso de lo suave a algo más intenso. Presiono con todos mis dedos como un rodillo hacia arriba y los suelto para ver como regresan a su forma, con ese movimiento natural de un culo firme pero suave. Puedo mirar en el costado de sus caderas una pequeña estría. Tal vez de hace varios años, tal vez de un embarazo, tal vez son por el ejercicio, tal vez solo fueron al crecer y desarrollarse. Paso un dedo sobre ellas y las recorro de principio a fin.
Bajo mis manos a sus piernas y dejo caer un ligero hilo de aceite que se cuela entre sus muslos.

Ella exclama :

-¡haaaaiiiiii! Y dice -¡me estoy mojando!

Me coloco detrás de ella y pongo mis manos en sus pantorrillas, con mis puros nudillos realizo un masaje presionando su carne y haciendo círculos. Voy subiendo poco a poco hasta la coyuntura, detrás de sus rodillas en donde de tanto mirar su desnudez, no resisto más y acerco mis labios y le doy un beso detrás de las rodillas.

Ella aprieta un poco sus piernas, no lo esperaba. Subo acariciando sus piernas y llego hasta en medio de sus muslos, los separo un poco para colar mis manos y poder acariciar desde dentro. Introduzco mis palmas y realizo movimientos, subiendo hasta donde comienzan las nalgas. Ella abre un poco más sus piernas y me permite ver esa rica conchita a través de su tanga semitransparente y que desprende un aroma delicioso.

Mi verga esta erecta y dura, noto que me sale una gota de lubricante y rozo el camastro, lo que me excita aún más y fijo la mirada en su enorme culo. Noto que tiene un lunar en la nalga derecha. Lo acaricio un poco y lo beso. ¡Ahora solo quiero poseerla y hacerla mía!… continúo acariciando sus nalgas de una forma muy sutil con las yemas de los dedos. Paso mi pulgar derecho por entre sus nalgas y debajo de su tanga. Toco su culito, siento lo rugoso de él y al despegar el dedo lo llevo a mi nariz, para disfrutar ese aroma a culito sudado del calor de la playa y la tanga. ¡Me estoy mojando cada vez más!.

Me decido a retirarle su tanga. La jalo un poco hacia abajo mientras ella levanta su cola acercándola más a mi rostro, que en ese momento solo estaba a unos centímetros del placer. Deslizo su pequeña prenda hasta las rodillas mirando como hipnotizado, cómo salía la tela de entre sus nalgas y con cuidado se la retiro. Llevo la diminuta prenda a mi nariz y la huelo como si nunca hubiera hecho algo semejante.

– ¡fuummmmm! … ¡hhaaaaaaa! _ ¡que delicia!
En el puente del tanga encuentro un buen charco de flujo de su vagina, fresco, casi agua. Con un olor que me derrite. Me acaricio la pija. Estoy muy mojado, la erección regresa al máximo y doblo con cuidado esa prenda. Es como un trofeo. La huelo por última vez, paso mi lengua sobre ella.

– ¡con que este es tú sabor Verónica!

La coloco a un costado y regreso a su cuerpo. Lo acaricio desde la planta de los pies hasta el cuello, paso por sus brazos. Beso por el costado sus senos. Me atrevo a bajar hasta su culo, abro un poco sus nalgas y con las plumas le hago caricias en el ano, ella lo aprieta ligeramente. Acerco mi nariz para disfrutar su aroma, huele muy rico y le planto un beso en su ano.

-¡mmmuuuuuaaaaa! Ella suelta un sollozo

– ¡hhooo!. Aprieta involuntariamente su culito y yo lo separo con mis dedos.

Me estoy excitando mucho. Sigo lamiendo su culito con toda mi lengua muy despacito y llego a meter la punta de mi lengua ensalivada, a lo que ella reacciona levantando un poco el culo. Sujeto sus piernas para mantenerlo arriba, voy más adentro haciendo circulitos con saliva y succionando un poco. Siento como los pliegues se van volviendo lisitos… la textura del interior es muy lisa y tersa. Lo está disfrutando y me dice:

-¡comemelo! ¡comemelo! …

Me dispongo a devorarlo con mi lengua y chupando con mis labios, abro sus nalgas lo más que puedo y lo devoro todo. Paso mi lengua ferozmente sobre su culito, la introduzco y la saco una y otra vez, de pronto le meto un dedito poco a poco hasta llegar a lo más que puedo y ella solo aprieta las nalgas.

Le doy una pequeña nalgada y las pone flojitas.

Bajo mi boca para seguir mamándoselo y así lo hago hasta que por accidente mi lengua va a dar hasta su rajita.

La encontré abiertita, dilatada y escurriendo flujo por doquier. El probarla fue muy rico.

Se levanta y se pone a cuatro patas, está empapada de su culo y concha.

Me pego de nuevo y paso mi lengua desde su coño hasta su culo, lamo también sus nalgas y les doy unas ricas mordidas a cada una. No dejo de acariciarlas y abrirlas para deleitarme.

Me hago hacia atrás y tomo mi verga empapada y se la pego en el culo. Rozo su chocho mojado, pero sin meterla y se la pongo en la entrada del culo.

Ella se presiona un poco y la cabecita quiere entrar, pero la detengo antes que lo logre, aprieto mi verga de abajo hacia arriba como exprimiéndola y saco un poco de mi lubricante. Lo embarro en sus nalgas y le digo:

– ¡aún no terminó el masaje!

Ella respira un poco agitada y me dice:

– ¡pues sigue y hazme lo que quieras!…

La volteo un poco brusco y la recuesto de nuevo, pero ahora boca arriba. Tomo más aceite, lo esparzo por todo su cuerpo y comienzo a masajear.

La luz de la fogata en la que ahora se encontraban más de 30 personas cantando y bailando, aunadas a la luz de las velas y las dos lámparas nos hacían perfectamente visibles para todos. Me percaté que unas personas de la fogata nos miraban mientras se abrazaban. La pareja de la terraza de un costado estaban recostados en su hamaca disfrutando de nuestro espectáculo visual.
Continúo con el masaje y me dirijo a sus pies, levanto uno a uno y sobo las plantas. Las beso un poco y subo por sus piernas haciendo pequeñas eses con los dedos y bajo presionando.

Subo de nuevo pero ahora besándolas y dando pequeñas mordiditas en los muslos. Estoy acercando mi nariz a su conchita y le miro a los ojos.

Ella está envuelta en deseo y yo a punto de correrme, me pongo sobre mis rodillas en el camastro, pero sobre sus piernas.

Coloco mi nariz sobre la fina línea de vellos púbicos que cubren lo la entrada de su coño, la paso sutilmente rozando los vellos y respirando el aroma del paraíso.

Está empapada, puedo ver su flujo sobre sus vellos, le doy un ligero beso y al despegar los labios soplo un poco de aire fresco, mismo que abre un poco los vellitos y enfría su mojadita concha.

-¡aaaaaahh! Exclama ella.

Subo acariciando su abdomen y disfrutando de cada parte de ella.

Beso su ombligo y los costados de su cuerpo. Subo hasta sus tetas y las acaricio, primero de forma suave y conforme me acerco a los pezones, voy apretando un poco.

Verónica se encuentra extasiada, es muy sensible en esta zona, se mueve un poco en el camastro pero yo estoy sobre ella.

Me toma de los brazos y me dice:

– ¡me estas matando de placer! ¡jhaaaaaa! ¡hhaaaa!

Sobo sus tetas con mis dedos, las tomo con ambas manos y las llevo a mi boca, con mis dientes pero sin lastimar. Tomo la bolita de su pezón derecho y lo jalo hacia mí, lo chupo con mis labios y comienzo a mamar de él.

Lo mamo como niño recién nacido, quisiera meterla toda en mi boca pero es muy grande para entrar, tiene los pechos calientitos.

Mamo uno y luego el otro… trato de mamar de ambos al mismo tiempo y los acaricio con vehemencia. Los junto y los separo, los llevo de un lado al otro y los lleno de aceite, están brillosos, lisos y suaves, sus pezones están duros y paraditos.

Ella se acerca a mí y por primera vez nos besamos en la boca.

El beso es lento, cálido y muy erótico.

Me centro entre sus piernas, las recojo un poco y las abro por completo.

Con ambas manos separo los labios vaginales y doy pequeños besos desde el clítoris hasta la entrada del coño. Masajeo los labios mayores y luego los menores haciendo círculos y cambiando constantemente de arriba hacia abajo. Presiono un poco su botoncito del placer y con ambos pulgares lo sobo sin mucha presión, le doy un besito corto y húmedo y sobo todo el pubis. Mi lengua recorre cada pliegue de su conchita y la introduzco para buscar su punto “g”. Me trago sus fluidos.

Me unto aceite en mi cuerpo y ella lo esparce con sus manos por donde quiere, me acaricia todo. Me sujeta la verga con su mano y me da un fuerte apretón, poco a poco me voy deslizando hasta llegar a estar completamente recostado sobre ella.

Verónica levanta sus piernas y me coloco entre ellas. La abrazo y ella a mí.

Mi pene encuentra solo el camino a su conchita, entra sin el menor problema, está muy mojada y siento su respiración agitada, al igual que la mía.

Siento sus pechos rozando con mi torso y sus piernas se van enrollando en mi cuerpo.

Mi pene se desliza sin problemas dentro de su coño, dentro y fuera… dentro y fuera… estoy gimiendo

– ¡jhhaaaa! ¡jhhaaa!… Vero me está rasguñando la espalda.

Que rico se siente. Empujo una y otra vez, una fuerte y dos o tres despacito y repito esto varias veces, acaricio sus caderas y nalgas.

¡Qué piel tan suave tiene!… su concha esta calentisima y de repente me aprieta la verga dentro.

Siento como si la chupara y me aprieta con sus muslos. La cojo de las caderas y arremeto con todas mis fuerzas.

Ella se deja y esboza una sonrisa, respira muy fuerte y rápido. Sus tetas se mueven chocando entre ellas y con mi pecho.

Siento sus pezones duros, rozar conmigo y beso uno. Estoy extasiado y siento que me voy a correr pronto.

No sé cuánto más voy a aguantar. El semen está subiendo poco a poco por mi verga, lo siento hirviendo dentro de mí. Mis huevos están duritos y chocan con sus nalgas, los tengo empapados y el ambiente huele mucho a sexo.

La tomo de sus nalgas y la jalo con fuerza hacia mí para penetrarla más fuerte. En una de ellas, le meto un dedo en el culo, la tengo prensada con mi dedo dentro.

Ella aprieta el culo y el coño, le sale un pequeño grito:

-“hhaaaaa”… este apretón hace que casi me corra…” saco la verga de inmediato.

– ¡No me he corrido. Pero casi …

Creo que varias personas están pendientes de nosotros. Sirvo un poco más de vino y tomo un trago, me pongo frente a sus tetas y dejo caer unas gotas sobre sus pezones.

Los mamo de nuevo y con una uva los acaricio. La como y me cuelo entre sus piernas. La noto sensible y me recuesto detrás de ella. Con mi mano derecha comienzo a abrir sus labios y mientras, con la otra mano acaricio sus tetas, las aprieto un poco y mi mano derecha está dentro de su coño, está escurriendo un líquido un poco viscoso.

Está a punto de chorrearse. Continuo estimulandola con dos dedos dentro de su coño, sobando con la palma de mi mano su clítoris. Ese pequeño botoncito del placer, sigo estimulando primero con pequeños círculos, después de un lado hacia el otro y dando una palmadita de vez en cuando… le chupo el cuello y soplo ligeramente en su oído… le digo:

– ¡hermosa. Me calientas mucho! No me falta nada para correrme. ¡Me estas terminando!…
Y ella me dice:

– ¡yo estoy a nada de terminar!… terminame… nos levantamos del camastro.

Nos paramos de frente a la fogata y ella se sujeta del barandal. Me paro detrás de ella con mis manos abro su culo para alcanzar su concha y la penetro. Su vagina está súper caliente y mojada. Mi verga esta dura pero muy sensible. Casi a punto de eyacular. La tomo de sus caderas y empiezo a bombear con todas mis fuerzas… una y otra vez, ella gime un poco y algunas personas más voltean a mirar.
Sus tetas están al aire y a la vista de todos. Se balancean un poco desde la terraza.

Un joven de la fogata no las pierde de vista. Me caliento mucho y arremeto contra ella.

Sus nalgas golpeaban contra mi regazo, se escucha el sonido del aire que sale de su concha cada  vez que mi verga entra de nuevo. Los gemidos se hacen más obvio. Me ha tomado mí mano y la aprieta fuertemente, esta extasiada igual que yo, siento que mis piernas están temblando y se quieren doblar, comienzo a sentir un cosquilleo, que recorre mi pubis y el semen está subiendo hasta la cabeza del pene. En cualquier momento saldrá el chorro caliente.

Vero se pega a mi regazo y siento un fuerte apretón en su vagina, está palpitando y sin poder evitarlo suelto el chorro de semen hirviendo dentro de ella, la sujeto fuertemente por la cintura y la pego más hacia mí, como si quisiera atravesarla… Así me quedo unos segundos, inmóvil y con mi verga palpitante dentro de su coño.

Una vez que me he vaciado la suelto poco a poco. Pero ella no ha terminado aún.

Solo tuvo un espasmo de placer. Saco mi pene chorreando aún y ella me lleva a la hamaca; me recuesta boca arriba; se para con mi cabeza entre sus muslos ardientes y me da el mejor regalo de mi vida.

Sigue masturbándose sobre mi rostro… estoy mirando como restriega los labios de su concha con sus dedos.

Los mete y los saca tan rápido y tan fuerte que me salpica el rostro de sus fluidos. – ¡¡es un sueño erótico esto!!… y sin previo aviso se desploma sobre mí, dejando caer su concha sobre mi rostro y con mi boca encuentro su rajita, la tomo por las nalgas y ella me toma por la cabeza. Restriega mi rostro en su chocho, mi nariz entra en su raja y me trago toda el agua que sale de ella. Lamo su culo y estoy empapado de ella.

Mi cuello esta medio sudado y mojado por los fluidos… estoy a reventar. Me ahogo por unos segundos pero ella sigue por unos segundos más y de pronto se queda inmóvil, reposando su cuca en mi boca.

Y suelta un gemido – ¡hhaaaaaaaa! – ¡ya!… sus piernas tiemblan un poco y tiene el rostro sonrojado, respira jadeante… Se levanta después de un instante y me da un beso muy rico en la boca.

Estamos bañados en sudor y quien sabe que más, nos decimos cosas lindas y calientes al oído.
-¡Es lo mejor que me ha pasado en la cama!
-¡fue algo maravilloso!
-Sí. Muy morboso.
-Eres una mujer muy excitante…
-Jajajajajaja gracias…
-¡Tienes el coño más ardiente que he probado!
-¡Tú tienes una pija bien rica!
-¡Me comería diario tu culito… es delicioso!
-¿Dónde aprendiste a comerte los coños así? Eres un guarro
…nos damos besos y caricias por todo el cuerpo… tomamos unas copas más y no vamos a recostar a la cama…

Estamos un poco cansados, fuera la fiesta sigue, con las personas de la fogata y los inquilinos del bungalow continuo, que al parecer se excitaron con nosotros y decidieron tener una noche romántica. Se escuchan lo gemidos de la mujer y el golpeteo de la cama, pero no ponemos mucha atención.

Debajo de la sabana estamos recostados juntos yo detrás de ella abrazándola y ella solo se deja consentir. Le pido permiso para poner mi pene entre sus nalgas, ella abre un poco con su mano derecha su glúteo y acomoda mi pene justo en la entrada de su concha aún mojada y mi amiguito comienza a crecer. Ella se mueve un poco y eso me excita, lo toma con una de sus manos y me masturba muy rico durante unos cinco minutos. Me corro sin más resistencia y nos quedamos dormidos un buen rato…

Muy temprano despierto y me voy al baño a dar una ducha. Tengo mucha hambre y quiero estar presentable para ella. Pero es grande mi sorpresa que al salir de la ducha ella no está… estoy completamente sólo en la habitación y sobre mi almohada, solo encuentro ese pequeño tanga de encaje y transparencias que aún tenía el aroma de su intimidad…

Llevo un rato mirando la playa para ver si la encuentro y espero que ella regrese, pero después del medio día creo que no la veré más. Nunca le pedí su número telefónico ni correo, pregunté en el hotel que se hospedaba, pero ya se había retirado.

No supe más de ella y al cabo de unos días regrese a mi casa con mis actividades cotidianas y mi trabajo, con mi gente y lo único que me quedo de esta mujer es el recuerdo de esa noche y el perfume que conserva su prenda intima. Aún la pongo debajo de mi almohada por las noches para olerla y la acaricio con los dedos para sentirla a mi lado y recordar lo que pasó en Zipolite, la playa del amor.